La rusa terminaba su recorrido por el inmaculado paisaje de su querida y natal tierra. Sabía que era el mejor lugar, allí sería útil hasta que pudiera arreglar su mente, necesitaba como hacía rato no lo hacía: trabajar. Aunque quizás aquella gran expectativa de liberación no sería tan agradable como ella pensaba. Su tenue expresión de tranquilidad se tornó una de interrogante y una no grata sorpresa al ver quién era la que la esperaba para la reunión. Jamás se habían llevado bien, nunca en sus años de servicio a la misma organización había congeniado ni en un solo aspecto de sus creencias o simples conceptos de combate al mismo enemigo. Sintió un ardor en el estómago, sabía que debería trabajar con él y eso junto a tener que lidiar con novatos sería un verdadero reto si no cambiaba ninguno su cara de desagrado. Él como siempre altivo, y aprovechando su gran altura se puso a su paso para saludarla, al menos conservaban los modales de presentación.
— Kish. —la mira de arriba a abajo sin recelo alguno.
— Mahan.—dice con énfasis en el nombre.
— Siempre tan impertinente. —dice a menos y entonces le da la espalda y comienza a caminar a la base cercana.
— Siempre tan cortes. —susurra ella y lo sigue mientras sostiene su enorme mochila-.
Llegan a la base, él entra y cierra la puerta en medio de la cara de la rusa, esta no se sorprende y solo abre la puerta para luego pasarlo de largo llendo ella adelante. Estaban otros miembros de la R.A. todos hombres para la desgracia de la rubia que apenas tenía ánimos de sólo saber que debía trabajar con Mahan.
Después de casi dos horas de discusión y planeación concluyó la reunión, quedando a carga de las dos tropas de novatos, por un lado la general Kish y del otro el general Agastya. Los polos opuestos en cuanto a entrenamiento, era una prueba, los superiores quería saber cuál sería el que lograra el mejor desempeño en sus aprendices. Pero no era necesario que se lo dijeran, todos conocían las famosas peleas india-rusas que protagonizaron aún siendo jóvenes cadetes hacía años atrás. Competirían sin saberlo y a la vez de forma natural sin presión exterior. Aunque nadie pensó nunca en qué podría hacer el tiempo entre aquellas energías tan fuertes y contrarias. ¿Las paces?¿La guerra?
La primera noche, mientras todos acomodaban sus pertenencias y se preparaban para una noche de merecido descanso alguien tocó a la puerta de la rusa. Esta apenas se colocó una capa, con la baja temperatura del ambiente no tenía tanto riesgo de herir a las personas, aunque ser precavida no era a menos. Abrió la puerta sin preguntar nada, cuando el tomada de ambas muñecas y siente que el hombre pasa dentro y cierra la puerta con un pie mientras la sujetaba contra la pared. Eso lo sorprendió, aunque pronto respondió y logró deshacerse de su agarre mientras subía sus puños para golpearlo, al fin, con motivo. Cuando de pronto ve que él saca de una de sus mangas una botella de agua, Milla se congela y baja sus brazos mientras buscaba en su mirada una respuesta.
— Kish seré honesto contigo, trabajar a tu lado me resulta desagradable pero no tengo alternativa. Tienes una sola advertencia, sé lo que ocurrió con aquella pequeña niña en Japón hace un tiempo, no creo que vuelvan a repetir el castigo de aquella vez...así que no me estorbes, no me hables y ten cuidado con lo que haces. —se alejó de ella mientras guardaba la botella y entonces tomó el picaporte de la puerta para acotar con cierta malicia— Si decides abandonarnos de vuelva, procura avisar así me encargo de tus novatos, no aceptarán más errores. Ni aún cuando seas la favorita de Kyuzo.
— Maldito idiota. —susurró al verlo retirarse— ¿Cómo demonios supo de eso?
Preguntó en sus adentros mientras se quitaba la bata para poder recostarse. Sacó su celular, tenía para una llamada, no aún no debía. Sería muy cobarde de su parte, además de incomodar a quienes no tenía culpa de su nueva inseguridad.
Dio miles de vueltas ante el insomnio, recordar aquello después de tantos años le trajo algo de esa nostalgia que lograba quitarle el sueño. Maldito Mahan y su insana obsesión con hacerla quedar en el ridículo y dominarla. No lograría comprenderlo ni aunque si vida dependiera de ello. Sin embargo, su ira fue reemplazada paulatinamente por un poco de melancolía. Había sido un accidente, era muy chica para entender de esas cosas aún...o en eso prefería excusarse al creerse tan egoísta de algo así. No tenía mucha memoria de esos días, había reprimido mucho después de la muerte de su maestra.
— Chiyo.
Dijo su nombre por primera vez en años, sonaba vacío. Se quedó de costado en la cama, extrañaba tener a alguien a su lado para contarle las cosas. Pero debía ser fuerte y cumplir su objetivo. Tendría que tener cuidado con el hindú, a su vez podría buscar información que también pudiera servirle para ponerse a mano. Debía ser razonable, le quedaban meses de convivencia a su lado y no por nada la apodaba "Ventisca Silenciosa". Si había alguien que tenía fuentes en ese lugar era Milla Kish y nadie tendría el poder de extorsionarla a menos que ella así lo quisiera. Sólo sería cuestión de tiempo.