viernes, 14 de octubre de 2011

La nieve y su hombre

La rusa terminaba su recorrido por el inmaculado paisaje de su querida y natal tierra. Sabía que era el mejor lugar, allí sería útil hasta que pudiera arreglar su mente, necesitaba como hacía rato no lo hacía: trabajar. Aunque quizás aquella gran expectativa de liberación no sería tan agradable como ella pensaba. Su tenue expresión de tranquilidad se tornó una de interrogante y una no grata sorpresa al ver quién era la que la esperaba para la reunión. Jamás se habían llevado bien, nunca en sus años de servicio a la misma organización había congeniado ni en un solo aspecto de sus creencias o simples conceptos de combate al mismo enemigo. Sintió un ardor en el estómago, sabía que debería trabajar con él y eso junto a tener que lidiar con novatos sería un verdadero reto si no cambiaba ninguno su cara de desagrado. Él como siempre altivo, y aprovechando su gran altura se puso a su paso para saludarla, al menos conservaban los modales de presentación.

— Kish. —la mira de arriba a abajo sin recelo alguno.

— Mahan.—dice con énfasis en el nombre. 


— Siempre tan impertinente. —dice a menos y entonces le da la espalda y comienza a caminar a la base cercana.


— Siempre tan cortes. —susurra ella y lo sigue mientras sostiene su enorme mochila-.


Llegan a la base, él entra y cierra la puerta en medio de la cara de la rusa, esta no se sorprende y solo abre la puerta para luego pasarlo de largo llendo ella adelante. Estaban otros miembros de la R.A. todos hombres para la desgracia de la rubia que apenas tenía ánimos de sólo saber que debía trabajar con Mahan.
Después de casi dos horas de discusión y planeación concluyó la reunión, quedando a carga de las dos tropas de novatos, por un lado la general Kish y del otro el general Agastya. Los polos opuestos en cuanto a entrenamiento, era una prueba, los superiores quería saber cuál sería el que lograra el mejor desempeño en sus aprendices. Pero no era necesario que se lo dijeran, todos conocían las famosas peleas india-rusas que protagonizaron aún siendo jóvenes cadetes hacía años atrás. Competirían sin saberlo y a la vez de forma natural sin presión exterior. Aunque nadie pensó nunca en qué podría hacer el tiempo entre aquellas energías tan fuertes y contrarias. ¿Las paces?¿La guerra?


La primera noche, mientras todos acomodaban sus pertenencias y se preparaban para una noche de merecido descanso alguien tocó a la puerta de la rusa. Esta apenas se colocó una capa, con la baja temperatura del ambiente no tenía tanto riesgo de herir a las personas, aunque ser precavida no era a menos. Abrió la puerta sin preguntar nada, cuando el tomada de ambas muñecas y siente que el hombre pasa dentro y cierra la puerta con un pie mientras la sujetaba contra la pared. Eso lo sorprendió, aunque pronto respondió y logró deshacerse de su agarre mientras subía sus puños para golpearlo, al fin, con motivo. Cuando de pronto ve que él saca de una de sus mangas una botella de agua, Milla se congela y baja sus brazos mientras buscaba en su mirada una respuesta.


— Kish seré honesto contigo, trabajar a tu lado me resulta desagradable pero no tengo alternativa. Tienes una sola advertencia, sé lo que ocurrió con aquella pequeña niña en Japón hace un tiempo, no creo que vuelvan a repetir el castigo de aquella vez...así que no me estorbes, no me hables y ten cuidado con lo que haces. —se alejó de ella mientras guardaba la botella y entonces tomó el picaporte de la puerta para acotar con cierta malicia— Si decides abandonarnos de vuelva, procura avisar así me encargo de tus novatos, no aceptarán más errores. Ni aún cuando seas la favorita de Kyuzo.


— Maldito idiota. —susurró al verlo retirarse— ¿Cómo demonios supo de eso?


Preguntó en sus adentros mientras se quitaba la bata para poder recostarse. Sacó su celular, tenía para una llamada, no aún no debía. Sería muy cobarde de su parte, además de incomodar a quienes no tenía culpa de su nueva inseguridad.
Dio miles de vueltas ante el insomnio, recordar aquello después de tantos años le trajo algo de esa nostalgia que lograba quitarle el sueño. Maldito Mahan y su insana obsesión con hacerla quedar en el ridículo y dominarla. No lograría comprenderlo ni aunque si vida dependiera de ello. Sin embargo, su ira fue reemplazada paulatinamente por un poco de melancolía. Había sido un accidente, era muy chica para entender de esas cosas aún...o en eso prefería excusarse al creerse tan egoísta de algo así. No tenía mucha memoria de esos días, había reprimido mucho después de la muerte de su maestra.


— Chiyo.


Dijo su nombre por primera vez en años, sonaba vacío. Se quedó de costado en la cama, extrañaba tener a alguien a su lado para contarle las cosas. Pero debía ser fuerte y cumplir su objetivo. Tendría que tener cuidado con el hindú, a su vez podría buscar información que también pudiera servirle para ponerse a mano. Debía ser razonable, le quedaban meses de convivencia a su lado y no por nada la apodaba "Ventisca Silenciosa". Si había alguien que tenía fuentes en ese lugar era Milla Kish y nadie tendría el poder de extorsionarla a menos que ella así lo quisiera. Sólo sería cuestión de tiempo.

sábado, 25 de junio de 2011

Volver al inicio -mini capítulo-

Se había pasado la noche caminando entre las iluminadas calles de Essex, no tenía muchas opciones en cuanto a dónde ir. Sus piernas se movían por inercia, en su cuerpo no quedaba voluntad alguna de seguir así. Pasó por una vidriera y miró su reflejo unos minutos. Definitivamente estaba mal, tenía ojeras, la ropa manchada y el pelo aún mojado. Parecía que hubiera sido perseguida en medio de la lluvia.
Entró a un mini-mercado y preguntó su podía usar el baño, él empleado al verla tan mal decidió ignorar la regla de "solo para clientes" y la dejó pasar. Era pequeño y tenía un espejo bastante viejo pero serviría para lo que ella necesitaba.
La rusa sacó de su bolso una muda de ropa, y otras cosas para ayudarse a cambiar un poco su aspecto. Se colocó una camiseta azul con un lunares blancos, unas pantalones jean ajustados y se peinó con una coleta. Aún estaba en Inglaterra, no debía ser reconocida, no por sus amigos al menos. Sus ojos se entristecieron al pensar aquello, sacó de su bolso unos lentes color caoba para ocultar las ojeras y salió del baño.
Al verla el empleado pensó que era otra, realmente no tenía parecido con la chica que había entrado. La saludo gentil y entonces la joven salió del mercado tan seria como había entrado.
Milla fue al centro de la cuidad, buscando una cabina telefónica. Había mucha gente, estaba algo nerviosa, no le gustaba mucho las multitudes. En cuando encontró una cabina entró con apuro, dejando a un hombre no an contento afuera esperando.
Marcó  una serie larguísima de números, hasta que logró entrar en la conexión privada de los miembros R.A. El tono de espera la sacaba de quicio, odiaba ese sonido, para sumar a la situación el hombre a su espalda estaba mirándola de forma poco amistosa.

_ ¿Hola? -dijo la voz de un hombre ya mayor, con algo de sorpresa y con su acento tan particular-

_ Kyuzo-san. -dijo en japonés mientras pensaba- Necesito que pases por mi. -estaba seria-

_ ¿Por tí?¿No te vas a quedar en Inglaterra con Noodle? -le preguntó algo incrédulo de sus palabras.

_ No, yo en realidad... -su tono se había entristecido al escuchar su nombre- Ella y yo terminamos, por eso quiero volver contigo Kyuzo.

_ A ya veo.. -dijo con desanimo.- Entonces...creo que tengo un barco dirigiéndose para allí, dime ¿Te pasó a buscar por los Studios Kong?

_ No, solo te esperaré en la entrada de la ciudad ¿Está bien? -pregunta sin mucho entusiasmo-

_ Si, no hay problema estaré allí está noche, cuídate. -costó súbitamente-

_ Nunca saluda...-dijo la rusa por lo bajo, colgó el teléfono y al salir de la cabina notó que el hombre se había ido-

Ya era mediodía y no había mucho que hacer, ella al menos no tenía mucho que hacer. Paseó por las calles, mirando todo cuanto pasaba en su camino para intentar distraerse. En un punto pensó que lo lograría, pero al pasar por un desolado parque de cenizas recordó demasiadas cosas y solo pudo dejarse llevar por la melancolía. En su rostro podía apreciarse la gran tristeza que llevaba consigo, aunque ninguna lágrimas amenazaba con quebrarla, quizás ya estaba quebrada sin poder expresarlo.
Siguió de largo todo el día, haciendo pequeñas paradas para volver a deambular sin rumbo fijo. Ya se acercaba el amanecer cuando entre tantos rostros vacíos la rusa reconoció a alguien y sutilmente se cubrió con la revista que leía en aquella parada de autobús. Era Kuni, el nekomata aún no debía saber lo de su huida pero aún así no era bueno que la viera o sino podría llamar la atención.
Para desgracia de la rusa, el neko si se dio cuenta de su presencia pese al cambio de vestimenta que había hecho.

_ ¿Milla-san? -dijo algo sorprendido mientras se le asomaba por el costado-

_ Emm... -intentó safar de la situación pero no podría engañar al olfato de su amigo- Hola, Kuni-kun, ¿Qué haces por aquí? -dice intentando sonar normal-.

_ Nada solo espero a Michiko-ta que iba a pasar a verme por aquí. -dijo pero sin sacarle la vista de encima- ¿Tu qué haces? ¿Por qué estas vestida así? -su tono era de intriga-

_ Yo solo salí un rato para despejar mi mente. -piensa un momento y le dice- Hoy tenía ganas de vestirme así, es raro pero solo quise hacerlo. -le sonríe falsa-

_ Ahh...ya veo, no deberías estar sola por la ciudad. Es más creería que ya deberías ir regresando a Kong, sino Noodle y los demás se preocuparán. - dijo y entonces ve a la pelirosa a lo lejos, de las ansias corrió hacía ella y saludo a Milla con un leve movimiento de mano-.

La rusa solo lo miró un tanto melancólica, pero se apresuró a salir de allí y perderse nuevamente.

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Estaba en la entrada de Essex, su mirada era sombría, parecía que la estuvieran obligando a irse pero en realidad era su decisión y no se retractaría. Divisó al viejo hombre acercarse con lentitud y una vez que la tuvo frente de él la saludó.

_ Milla-chan, ¿Estás segura de esto? -la voz de él sonaba aún más vieja que antes-

_ Si, tan solo vámonos de aquí. -le tomó la mano, cosa que demostraba que se sentía mal y comenzó a caminar-.

_ -suspiró por lo bajo y soltando su mano la abrazó por la espalda- Has crecido, pero sigues siendo mi pequeña Milla ¿Lo sabías?

Ella apenas sonríe y se deja llevar por aquel cariño, a fin de cuentas de no ser por el japonés no tendría a donde ir. Se alejan en la oscuridad y abandonan Inglaterra juntos.

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La general Kish volvió a servicio sin más, con su viejo uniforme gris oscuro, era un tanto deprimente. Suspiró frente al espejo de su habitación, Rusia seguí igual de fría que siempre. Se colocó un sobretodo marrón y el pelo suelto como siempre.
Había estado bastante tiempo con Kyuzo arreglando varias cosas sobre su reincorporación, debería ayudarlo con un grupo de iniciados, era solo entrenamiento. El problema era la zona, estaban en medio de la montaña y por alguna razón eso le daba mala espina a la rusa, y todo empeoró cuando al llegar sus cadetes. La persona menos apreciada por Milla se hizo presente, un viejo conocido, alguien que era mejor perderlo que encontrarlo. El mayor general  Mahan Krishnan, uno de los miembros más obtusos y violentos de toda la Resistencia. Ya hace tiempo estuvieron trabajando juntos y ambos fueron relevados por los problemas que ocasionaban sus discusiones. 
Cruzaron sus miradas, ambos de ojos grises, ninguno sonrió solo gruñeron y pidieron por favor no acabar como la última vez.
La rusa al fin encontró algo que la mantuvo un buen tiempo concentrada y era su rivalidad con aquel hombre, que excedía por mucho su mal carácter con Leez.