sábado, 25 de junio de 2011

Volver al inicio -mini capítulo-

Se había pasado la noche caminando entre las iluminadas calles de Essex, no tenía muchas opciones en cuanto a dónde ir. Sus piernas se movían por inercia, en su cuerpo no quedaba voluntad alguna de seguir así. Pasó por una vidriera y miró su reflejo unos minutos. Definitivamente estaba mal, tenía ojeras, la ropa manchada y el pelo aún mojado. Parecía que hubiera sido perseguida en medio de la lluvia.
Entró a un mini-mercado y preguntó su podía usar el baño, él empleado al verla tan mal decidió ignorar la regla de "solo para clientes" y la dejó pasar. Era pequeño y tenía un espejo bastante viejo pero serviría para lo que ella necesitaba.
La rusa sacó de su bolso una muda de ropa, y otras cosas para ayudarse a cambiar un poco su aspecto. Se colocó una camiseta azul con un lunares blancos, unas pantalones jean ajustados y se peinó con una coleta. Aún estaba en Inglaterra, no debía ser reconocida, no por sus amigos al menos. Sus ojos se entristecieron al pensar aquello, sacó de su bolso unos lentes color caoba para ocultar las ojeras y salió del baño.
Al verla el empleado pensó que era otra, realmente no tenía parecido con la chica que había entrado. La saludo gentil y entonces la joven salió del mercado tan seria como había entrado.
Milla fue al centro de la cuidad, buscando una cabina telefónica. Había mucha gente, estaba algo nerviosa, no le gustaba mucho las multitudes. En cuando encontró una cabina entró con apuro, dejando a un hombre no an contento afuera esperando.
Marcó  una serie larguísima de números, hasta que logró entrar en la conexión privada de los miembros R.A. El tono de espera la sacaba de quicio, odiaba ese sonido, para sumar a la situación el hombre a su espalda estaba mirándola de forma poco amistosa.

_ ¿Hola? -dijo la voz de un hombre ya mayor, con algo de sorpresa y con su acento tan particular-

_ Kyuzo-san. -dijo en japonés mientras pensaba- Necesito que pases por mi. -estaba seria-

_ ¿Por tí?¿No te vas a quedar en Inglaterra con Noodle? -le preguntó algo incrédulo de sus palabras.

_ No, yo en realidad... -su tono se había entristecido al escuchar su nombre- Ella y yo terminamos, por eso quiero volver contigo Kyuzo.

_ A ya veo.. -dijo con desanimo.- Entonces...creo que tengo un barco dirigiéndose para allí, dime ¿Te pasó a buscar por los Studios Kong?

_ No, solo te esperaré en la entrada de la ciudad ¿Está bien? -pregunta sin mucho entusiasmo-

_ Si, no hay problema estaré allí está noche, cuídate. -costó súbitamente-

_ Nunca saluda...-dijo la rusa por lo bajo, colgó el teléfono y al salir de la cabina notó que el hombre se había ido-

Ya era mediodía y no había mucho que hacer, ella al menos no tenía mucho que hacer. Paseó por las calles, mirando todo cuanto pasaba en su camino para intentar distraerse. En un punto pensó que lo lograría, pero al pasar por un desolado parque de cenizas recordó demasiadas cosas y solo pudo dejarse llevar por la melancolía. En su rostro podía apreciarse la gran tristeza que llevaba consigo, aunque ninguna lágrimas amenazaba con quebrarla, quizás ya estaba quebrada sin poder expresarlo.
Siguió de largo todo el día, haciendo pequeñas paradas para volver a deambular sin rumbo fijo. Ya se acercaba el amanecer cuando entre tantos rostros vacíos la rusa reconoció a alguien y sutilmente se cubrió con la revista que leía en aquella parada de autobús. Era Kuni, el nekomata aún no debía saber lo de su huida pero aún así no era bueno que la viera o sino podría llamar la atención.
Para desgracia de la rusa, el neko si se dio cuenta de su presencia pese al cambio de vestimenta que había hecho.

_ ¿Milla-san? -dijo algo sorprendido mientras se le asomaba por el costado-

_ Emm... -intentó safar de la situación pero no podría engañar al olfato de su amigo- Hola, Kuni-kun, ¿Qué haces por aquí? -dice intentando sonar normal-.

_ Nada solo espero a Michiko-ta que iba a pasar a verme por aquí. -dijo pero sin sacarle la vista de encima- ¿Tu qué haces? ¿Por qué estas vestida así? -su tono era de intriga-

_ Yo solo salí un rato para despejar mi mente. -piensa un momento y le dice- Hoy tenía ganas de vestirme así, es raro pero solo quise hacerlo. -le sonríe falsa-

_ Ahh...ya veo, no deberías estar sola por la ciudad. Es más creería que ya deberías ir regresando a Kong, sino Noodle y los demás se preocuparán. - dijo y entonces ve a la pelirosa a lo lejos, de las ansias corrió hacía ella y saludo a Milla con un leve movimiento de mano-.

La rusa solo lo miró un tanto melancólica, pero se apresuró a salir de allí y perderse nuevamente.

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Estaba en la entrada de Essex, su mirada era sombría, parecía que la estuvieran obligando a irse pero en realidad era su decisión y no se retractaría. Divisó al viejo hombre acercarse con lentitud y una vez que la tuvo frente de él la saludó.

_ Milla-chan, ¿Estás segura de esto? -la voz de él sonaba aún más vieja que antes-

_ Si, tan solo vámonos de aquí. -le tomó la mano, cosa que demostraba que se sentía mal y comenzó a caminar-.

_ -suspiró por lo bajo y soltando su mano la abrazó por la espalda- Has crecido, pero sigues siendo mi pequeña Milla ¿Lo sabías?

Ella apenas sonríe y se deja llevar por aquel cariño, a fin de cuentas de no ser por el japonés no tendría a donde ir. Se alejan en la oscuridad y abandonan Inglaterra juntos.

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La general Kish volvió a servicio sin más, con su viejo uniforme gris oscuro, era un tanto deprimente. Suspiró frente al espejo de su habitación, Rusia seguí igual de fría que siempre. Se colocó un sobretodo marrón y el pelo suelto como siempre.
Había estado bastante tiempo con Kyuzo arreglando varias cosas sobre su reincorporación, debería ayudarlo con un grupo de iniciados, era solo entrenamiento. El problema era la zona, estaban en medio de la montaña y por alguna razón eso le daba mala espina a la rusa, y todo empeoró cuando al llegar sus cadetes. La persona menos apreciada por Milla se hizo presente, un viejo conocido, alguien que era mejor perderlo que encontrarlo. El mayor general  Mahan Krishnan, uno de los miembros más obtusos y violentos de toda la Resistencia. Ya hace tiempo estuvieron trabajando juntos y ambos fueron relevados por los problemas que ocasionaban sus discusiones. 
Cruzaron sus miradas, ambos de ojos grises, ninguno sonrió solo gruñeron y pidieron por favor no acabar como la última vez.
La rusa al fin encontró algo que la mantuvo un buen tiempo concentrada y era su rivalidad con aquel hombre, que excedía por mucho su mal carácter con Leez.